LRA 24: “El director requería también la provisión de un arma de fuego”.


Seguimos remontando nuestros recuerdos hacia la Radio Nacional que fue en 1973.
Eran años en los cuales la violencia crecida en el país llevaba a tener preocupaciones también el Tranquilo Río Grande.
“El director requería también la provisión de un arma de fuego”.
En razón de las dimensiones de los vidrios de ventanas y ventanal de acceso al edificio y como medida de prevención, se solicita la instalación de rejas, en su defecto el nombrar guardianes o serenos para custodia.
El director requería también la provisión de un arma de fuego, porque la reglamentación así lo preveía en la persona del titular de la filial.
Estaba entonces mal iluminado el acceso, y la emisora carecía de timbre. Si se recomendaba en horario nocturno cerrar con llave, no se conseguía que quien requiriera a tal hora el servicio de la radio alertara a los operadores y locutores que se encontraban desarrollando su tarea en la planta alta.
El Director Pérez consideraba insuficiente la carga de antiflama representada por un matafuegos de 10 litros en la planta baja, y consideraba la adquisición de cuatro más en la planta alta, que era completamente cerrada, sin aberturas y salidas, y con el sistema de calefacción -al que no se veía funcionar bien- bajo la única escalera de acceso. De allí que suponía de prevención necesaria la existencia de matafuegos en cada estudio, control y pasillo.
El personal trabajaba de parado. Se contaba solo con ocho sillas y cinco sillones giratorios. Manifestaba sobre el particular el señor Héctor Castro, de la firma SADE OBRELMEC SRL, licitataria de la construcción del edificio de la radio, que eso debía ser así. Para las urgencias del momento se consideraban necesarias 10 sillas más.
Se cuenta que ya en ese momento Ángel Eduardo Acosta comenzó a realizar gestiones oficiosas para lograr sentarse sobre un alto sillón de operador, sueño que alcanzó a concretar mucho tiempo después antes de lograr su bien merecida jubilación. Para junio de 1973 el sillón de operadores existente debió ver reemplazada por la firma TRAMEC, sus ruedas metálicas por ruedas de goma, para no dañar de esta forma el piso del control central.
Faltaban máquinas de escribir, y se solicitaban seis, mesas para máquina, y se reclama la provisión de tres ceniceros de pié, para distribuir en el Hall de entrada, primer y segundo descanso de la escalera. En la planta alta estaba prohibido fumar…
La radio no contaba con un “grabador portable con micrófono –cassette o similar- de gran utilidad para entrevistas, dinamizando de esta forma nuestro servicio informativo”.

Los pingüinos del señor Popper o Popper y los pingüinos.

El cine es un espacio en el cual se mezcla la realidad y la fantasía. Así es como se estrena en el escenario mundial la realización festiva que en la persona de Jim Carrey tiene por objeto recrear un clásico infantil.

Se dice que: El Sr. Popper (Carrey) es un agente inmobiliario que sin esperarlo recibe una particular herencia: al fallecer, su padre le deja como legado un grupo de seis desordenados pingüinos. Las ambiciones iniciales de Popper se trastocan con la llegada de los inesperados visitantes, que interrumpen el que puede llegar a ser su mejor negocio”.

El clásico en cuestión ya había entrado en nuestro conocimiento en los escritos de Boleslao Lewin, bajo el título Quién fue el conquistador patagónico Julio Popper; donde se decía:

“Los Atwater (los autores) nos presentan a un Popper pintor de brocha gorda, cuyo nombre de pila –prudentemente- nunca mencionan, como tampoco precisan el lugar donde se desarrolla la acción. Destacan, en cambio, que se tratan de relatos sobre el Polo Sur”

“Eso era –dicen los autores- lo que más lamentaba nuestro buen amigo Popper, no haber contemplado jamás aquellas extensiones de hielo y nieve. ¡Cuánto más hubiese preferido ser hombre de ciencia en lugar de pintor de brocha gorda en Aguamansa, y haberse sumado a alguna de las grandes expediciones polares! Pero precisamente porque no podía ir, constantemente estaba pensando en ello”

Julio Popper dejo inconclusa una expedición Antártica para la cual había comprado un vapor llamado Explorador.

“Pero el relato del apologista de Popper dice sobre el autor de la novela: “Iba a ver las películas sobre las regiones australes del globo. Su entusiasmo llegó a tanto que se animó a escribir al comandante de una nave exploradora de la región antártica. Este en vez de contestarle la carta, como obsequio, le envió un pingüino”.

Las aventuras subsiguientes a tal envío no son de interés para nosotros. Pero si el detalle de que se le ofreció al pintor de brocha gorda Popper la oportunidad de visitar no el Polo sur sino el Polo Norte.

La síntesis de la comedia con Carrey como protagonista dice:

“Mr. Popper vive en una tranquila y pequeña ciudad americana llamada Stillwater. Allí nunca pasa nada. Quizá por eso se ha convertido en un soñador y en un especialista en temas del Ártico y de la Antártida, incluso podría decir el nombre de todos sus exploradores y qué fueron a hacer a los polos. Un día conversa, gracias a un programa de radio, con el almirante Drake sobre su expedición a la Antártida, y éste le dice que pronto recibirá una sorpresa… Lo que nadie podía suponer es que el almirante iba a enviar una caja con ¡un pingüino de la mismísima Antártida! La vida de nuestro protagonista cambiará radicalmente, y la aburrida vida en Stillwater se transformará en una fantástica y permanente aventura llena de pingüinos.

Y después viene una referencia a los autores de la novela:

“Richard Atwater (1892-1948) nació en Chicago y fue profesor de griego en la universidad, donde conoció a su alumna Florence (1896-1979), que en 1921 se convertía en su esposa. Con Los Pingüinos de Mr. Popper (1938) alcanzaron el éxito, tras inspirarse Richard en imágenes grabadas de la primera expedición a la Antártida, realizada por el almirante Byrd. Ya iniciada la escritura del libro, él cayó muy enfermo antes de terminarlo, y tuvo que ser Florence quien, a partir de 1934, lo revisara y diese fin”.

Y ahora, vayan comprando pochoclo…

ELEGÍA PARA LOS MUERTOS CIVILES DE USHUAIA(*)

La grandeza de los crímenes, horrendos oscurece la vergüenza. Machiavello.

No soy humano ni libre sino cuando reconozco la humanidad y libertad de todos los hombres que me rodean. Bakunin.

La especular bahía de Ushuaia

Sufre la áspera sorna de los presos;

Cada mirar tiene uñas de sarcasmo

Y cruje la tersura de seda de su espejo.

Miran

Tras paredes hurañas de piedra ríspida,

Cuyos filos laceran

Hasta el pensamiento de evadirse.

Cárcel:

Laboratorio de rabias

Taller de fastidios…

Cárcel;

Domus devastationis

De libertad y el sexo…

Flavos, terrosos, lívidos,

Rostros canijos y rugosos,

Cada cual es una cariátide

En ese templo de ignominia humana.

Están allí, lo mismo que fantasmas rapados.

Infligidos por leyes y cadenas

Viviendo pesadillas

Que se inmunizan con su propio crimen.

Son el oro negro,

El encaje macabro,

Deuna curiosa caja de conversión;

Pues dan valor a la protervia en curso

Con el signo moral que los retiene..

Ilotas isleños,

Anexionan otra sombra a su sombra

Y dialogan mordaces de los temas más puros,

Como los faunos de los viejos mitos

Que hablaban con sus falos.

El Monte Olivia vela

-Centinela máximo-

La labor de los esbirros,

Que conocen el jiu-jitsu del odio

Y descoyuntan piernas con una mueca

Y descoyuntan almas con un oprobio.

Espectros prontuariados,

Todos saben que asusta

La visión patética de su fatum

Por eso gustan en las playas solas

-¡Ellos, peleles de hombres!-

La amistad de pechera blanca de los pinguinos…

Yo he visto el carnaval de su tragedia.

Su diapasón escrofuloso

Y la gracia de su cólera

Cuando piruetean en el sesgo

De la mirada oblicua de los guardias.

Trémulos en el umbral del polo,

La vida es sólo un barco que se tumba

En la carne que es tumba

Sobre el hielo que es tumba.

Y siguen así,

Empachados de grima,

Haciendo cosquillas a los pies del continente

-Cíclope dormido en el colchó de dos océanos…

-Aquí estamos

Atraillados en celdas,

Chaguados por los códigos,

Vestidos con franjas de banderas

Que riman horizontes ilusorios.

Estamos como una troupe gibosa

Con la joroba moral de la condena.

La gente al vernos

Tranca su espíritu…

Y cuando más alarga,

Por el ventanuco de sus ojos,

Una escudilla de piedad.

Canalla:

No queremos el pan amargo de su lástima

Por que nos atosiga y nos enferma;

Ni queremos tampoco

Los perdones de nadie

¡Porque es nuestro el privilegio

De perdonarnos indefinidamente!

Somos la percha que usa la ley

Para colgar el miserable andrajo

De la justicia..

Ese andrajo de listas rojas

Que es un pijama trágico.

¡Ah si pudiéramos llorar!

Llorar en su confort mundano…

-Igual que paquetes de carne

Se nos estiva sobre el hielo austral.

Esto es una morgue de vivos

No la alacena conciencias deterioradas

Como creen los graciosos

Que llamaron Tierra del Fuego

Al escarchado bordeland.

Hombres inútiles,

Sub-hombres,

…..(hombres)…

Entre paréntesis de escarnio,

Arrastramos una soledad engrillada

Por sendas sinuosas

Que se escaparán en nuestra vejez

Con recuerdos que ya ni serán recuerdos.

Somos los obreros

De este terror infame que es el silencio;

Este silencio astuto.

Opaco pandemónium de ingnominias

Que labramos con iras aplastadas

Por que la férula nos hace

Más que serviles

Ser viles…

Quieren galvanizar nuestro escarmiento,

Hcer fuerza motriz de nuestra rabia…

¡Cuánto mejor sería

Si hubiese cadenas de rosas,

Cerrojos de cera,

Ventanas de tul!

-Gacha la cabeza,

Al hombro el hacha,

Hemos abolido la bravura.

El violento ademán que tala al árbol

Es nuestra única caricia.

¡Ah si pudiéramos acariciar a los guardianes!...

Estamos forzados

A la dulzura abominable.

A puntuar con sangre la desolación,

A alimentar en secreto nuestra rebeldía,

A mascullar en la tregua del verano

La invectiva que inventamos en invierno.

¡Ah si se lograra adormecer como un fakir

La sierpe de los remordimientos!

¿Cuándo libertaremos el deseo

De la cárcel pero que la quimera?

Hay penas que no vencen:

Penas de pena que aniquilan hasta

La dicha supletoria de evadirse en sueños.

Vivimos más allá del consuelo;

El consuelo es una bobería

Para temples ingenuos,

De esos que buscan todavía

El trébol idiota

Del Bien, la Verdad y la Belleza.

¡Ah si nos trituraran las cabezas

Las flechas de los meridianos

Que apuntan al Polo Sur!

-Vinimos por amor a la plata

-Esa gran prostituta-

O vinimos por amor al amor

-Ese gran proxeneta.

-La ganzúa y el puñal

Nos engendró en el tugurio.

Somos los desheredados del delito..

¡Cómo alcanzar el abolengo

Del soplete eléctrico

Y la pistola silenciosa!

-La vida es un tapete.
Puse mi ficha… y cuando

Copé la banca me copó un grillete…

(Con la misma navaja

Me estoy confeccionando

Una lápida en forma de baraja).

-Yo disloqué la libertad un día.

Fue un “accidente de trabajo”. Había

Un cielo azul de bandera desteñida…

Patriotas de efemérides… Discursos..

¡Mi bomba lo supera todavía!

-¡Recluído siempre en la pasión de otrora,

La brecha de luz que secciona mi celga

Es como una puñalada

Que dividió su corazón su corazón de sombras!

-Yo he gastado la dicha como un traje.

No le pondré jamás ningún remiendo…

¡Vea lo que se viene!

…Ningún remiendo de remordimiento.

-La mía fue una estafa:

Simulacros, remilgos, alborotos…

¡Una opresión de risa en mi garganta,

Una opresión de dedos en la suya!

-Aquí festejamos

El infortunio del fracaso propio

Y el éxito ajeno

Como un abordaje a la oportunidad.

-¿Castigo?

¿Quién puede castigar a quién?

Nada; exorcisar tan sólo

Los fatídicos demonios

Del instinto y la ilusión.

-Ahora nuestra gloria está

-Ya que nada tenemos que perder-

En arriesgar el riesgo de la muerte,

Mientras simulamos acatar

Con melindes irónicos

La timidez intrépida de los guardias…

-Ahora todo consiste

En sacarle virutas al tiempo:

Ya haciendo brocatos en los tórax

Con la aguja de fuego de los tatuajes,

Ya mirando la estampa de la infancia

Que es la única bonita en nuestra noche,

Ya rascando el espíritu con lágrimas

Para aplacar la sarna del recuerdo.

Y callan

(casi roen cuando hablan)

Y cierran los ojos

(Casi liman cuando miran).

Ya no malgastan su dolor; execran.

Han apagado todo su ardimiento

Y ventan las cenizas;

Pero quedan brazas de ironía

Tapadas en su melancolía…

Y se doblegan al poder huraño

Que censura con befas los impulsos

Y censura con órdenes los pies.

Después…

Estiran su aburrimiento

En largas miradas,

Chupan lejanos efectos

En hondos suspiros;

Y tornan

-Sibaritas de zurdas impotencias-

A rosear su maldición.

-¡Adiós!- farfullan.

Ahora nuestra misión es tiritar…

Piedras ríspidas, grisáceas

-Dolores y fastidios condensados-

Paredones abruptos que laceran

Hasta el pensamiento de evadirse…

Las bayonetas forman ahora

Rejas de signos de admiración,

Cuyos puntos son las bocas

Abiertas de estupor.

Acodado en la montaña

El sol mira al penal indiferentemente,

La noche es un eclipse en pleno día,

Y la bahía de Ushuaia

Un espejo que se ofusca de repente.

Cómo siluetas mágicas

Se recortan las sombras de los muertos civiles:

Requechos de carácter

Añicos de pasión.

Se oye una carcajada coruscante

Que ilumina de sornas el paisaje.

Los enterados vivos

Siembran entonces en el alma ajena

Las voces inauditas,

Las voces que difunden

-Antenas solitarias-

En las ondas de angustias del silencio.

Y acontece un momento de memento…

La barbas se reclinan…

Y en el adusto altar de cada pecho

Gime el adusto altar de cada pecho

Gime el Sangrante Corazón del Crimen

Que llevan como torvo escapulario.

(*) En 1943, cuando Álvaro Yunque escribió los dos tomos de sus Petas sociales de la Argentina), incluyó al cordobés que tan singular trascendencia tendría en las letras nacionales, con sus novelas con títulos de siete letras.

La actividad judicial de Juan Filloy, y la persistencia de su origanlidad en una vida que transcurrió durante tres siglos se perfilá con pasión en el escrito arriba incluido, hablando de una Tierra del Fuego carcelaria que no conoció pero que sintió, ideológicamente.

Cuentos de Malanoche(*): Mi bandera...

1.- El pueblo de Malanoche vio flamear la bandera nacional donde no había flameado ninguna otra. No había historias épicas que contar, como en la capital del territorio, donde se aseguraba de la llegada de los insignes marinos había terminado con el flameado de pabellón del imperio por la enseña que lleva los colores del cielo.

Aquí, con el viento imperante.., ¿quién se atrevía a andar lidiando con un mástil y su colorida enseña? Era como un freno más para los que ofrecía el caminar en la estepa.

Así que la primera bandera que flameo por esta zona terminó clavada al mástil improvisado y no bajó del mismo hasta que se hizo hilchas.

Se calcula que por entonces, subiéndose a la salida del sol y arreándose a ponerse, una bandera duraba en primavera tres semanas, en verano cuatro, en otoño e invierno seis.

No había mucho presupuesto para banderas y en algunos casos te las enviaban sin el sol, lo que no era una bandera para reparticiones públicas, con lo que se buscaba quien bordara el astro rey con hilos dorados que a la postre resultaban más resistentes que el pabellón en su conjunto.

Hubo un tiempo, casi una década, que esto lo resolvió la señora de Mañuquito, cuando el Mañuquito caía preso, primero pro infracciones al Código Rural, después por violar los Edictos Policiales, no recuperaba la libertad hasta tanto la señora, que se había hecho bordadora en el Sagrada Familia de Punta Arenas, no terminara por volver de guerra alguna insignia celeste y blanca.

Pero era una situación dramática que afectaba el más puro patriotismo de los funcionarios públicos.

Cuando llegaba una visita importante lo principal era lucir la bandera, que por otra parte se sabía no se debía, ni lavar, ni planchar, ni almidonar…

Un día un Ministro alertado de esta situación llegó con una hermosa bandera, que muchos dijeron que era de seda, y su izamiento frente al edificio escolar hizo de aquella visita un momento inolvidable. Claro que al mes de la bandera de seda no quedaba nada.

La situación se regularizó cuando la isla tuvo control naval, y los marinos se ocuparon de vestir nuestros mástiles con la bandera de Belgrano, y más aun, de hacer proliferar nuestra nacionalidad por medio de los embanderamientos masivos.

2.-Pero habría otra bandera que aparecía entorpeciendo el brillo y función de la bicolor, era la bicolor del país hermano con el que compartimos la mitad de esta isla grande… Su tricolor brillaba con su estrella solitaria con cada delegación deportiva. Los visitantes entraban a la cancha con nuestra bandera y nosotros con la de ellos, y el problema es que siempre aparecían con una más grande que la nuestra. A veces se conseguía evitar el ridículo, consiguiendo a préstamo de la unidad militar una de gran tamaña que tenían para los días de fiesta. Pero en muchos casos lo que en unos era una banderita, en otros era un banderín.

Además, sin presentarse nunca herida por el viento, la tricolor flameaba los 365 días del año a escasos cincuenta metros de los cuarteles, donde funcionaba el consulado del país hermano. En más de una foto antigua, relacionada con ceremonias en la plaza de armas, se ve a nuestros bizarros efectivos, símbolos de la nacionalidad, con la tricolor por sobre su formación.

Además en la intersección de las calles principales, la del Dugongo y la del Libertador, estaba la Asociación de Socorros Mutuos del vecino país, pintada con los colores de la tricolor. Mientras que por el otro cruce la construcción principal era la concesionaria Chévrolet, también roja, azul y blanco. Esta circunstancia hería la mirada de muchos patriotas de entonces.

Pero hubo un año en que la relación entre los dos países llegaron al momento más ríspido, por desacuerdos en la división fina del islario sur, y entonces Malanoche vio llegar tropas y más tropas, y todo se preparó para la guerra.

Como el horno no estaba para bollos ya durante las carreras de agosto y los festejos de septiembre los tricolores habían medido el uso de sus emblemas, y ahora muchos repartían escarapelas nacionales para estimular el patriotismo, forzando incluso el uso por parte de los extranjeros.

El predio de la escuela fiscal fue ocupado por efectivos navales y con ello debía terminar el ciclo escolar anticipadamente, era fines de noviembre. Ya se levantaba en la canchita un hospital de campaña, y el techo se pintaba con una enorme cruz…

La escuela se llenaba de preguntas. Entre ellas los chicos del último grado, que se iban a quedar sin su fiesta de despedida. Hubo intervenciones indirectas, la más importante fue la del intendente que era presidente de la Cooperadora, y se dispuso que al día siguiente, a las 11 –hora fueguina- sería la ceremonia.

Los chicos pensaban que venía la guerra y ya no se verían nunca más, su actitud era compungida, había preguntas que quedaban sin respuesta, como la formulada por esa madre que quería saber a que año iría su hija si nos invadían los chilenos, si a primero del secundario o a octavo básico.

El Salón Cincuentenario de la vieja escuela estaba engalanado como nunca, con los colores patrios, en la primera fila brillaban los uniformes de gala y de fajina de las autoridades navales que ya ocupaban el 80% de las instalaciones. Asistieron al fervoroso canto del Himno Nacional al que sumaron sus voces marciales, entregaron uno a uno los boletines donde todos promocionaron; entre ellos el Pelado que atravesaba dada su despreocupación habitual por el estudio el tercer año sin ser promovido.

Y cómo se creyó importante generar un espacio de distensión, se le encargó al pelado- que estaba por cumplir sus dulces 16 años, y que era el abuelo de la división, que protagonizaba un skech.

Y así se lo vio desfilar canturreando una tonadita indefinida ante las autoridades presentes, con su guardapolvo desprendido y lleno de inscripciones, con la camisa cuadrillé abrochada en el cuello, los bolsillos del pantalón sacados para afuera, y hasta un pedazo de camisa saliendo por la bragueta. Se había puesto un pañuelo atado en cuatro puntas en la cabeza, y en la mano llevaba una botella.

Algunos rieron, otros callaron, muchos se miraron entre si, mientras el Pelado canturreaba y canturreaba para ir a detenerse frente a la directora del establecimiento que estaba junto al más engalanado de los marinos, y allí bamboleándose les dijo:

-¡Viva mi banderita tricolor!

Si alguno pensó en reaccionar no pudo hacerlo, el monologista acompañó su gesto con la presentación en forma de garra de su mano derecha, esa que según recuerdan algunos tenía seis dedos, y según otros siete.

El tiempo se hizo tremendamente lento, podría haber pasado cualquier cosa, pese a que el Pelado era nada más que un niño. Hasta que nuestro actor replicó.

-Mi banderita tricolor: ¡Tinto, clarete y blanco!

Hubo suspiros de alivio, el Pelado sacó de sus bolsillos un par de copas y sirvió a los presentes vino espumante, después vinieron otros con otros vinos similares, que pueden hacer sido Nebiolo, Barbera o Gamba di Pernicce. Parte de las bebidas preparadas para le cena baile que quedaba definitivamente suspendida.

El Pelado ya se había perdido entre la concurrencia, una maestra que al día siguiente escaparía al norte en un vuelo que venía con refuerzos, o insultaba y no pudo dar con él.


(*) Cuentos de Malanoche es una experiencia que durante 2011 llevamos adelante en LRA 24 en el programa Matinal puesta a punto. Llevamos leidos 33 relatos, y este es un de los que espera con el número 63.

La alborada: 1949

En todos los años vividos en la Tierra del Fuego, y ya casi llega al cuarto de siglo entre el campo y el poblado, Francisca nunca vio tanto alboroto. Y cuando dice esa palabra, en realidad piensa: alegría. El pueblo tiene sus cosas buenas, hay tranquilidad, familiaridad, trabajo y el dinero consiguiente, pero no deja de agobiar en muchos casos ese letargo del que tanto le cuesta salir, esa sensación que la lleva a extrañar su ciudad de origen, a sentirse sin estar tan lejos en el borde mismo del mundo.

Hay años en que un carnaval se organiza mejor que otro, entonces los jóvenes y los no tan jóvenes –categoría en la que Francisca se incluye- caminan por las madrugadas con un brillo singular en los ojos. Pero lo cotidiano en materia de alboroto/alegría no existe para esta gente de trabajo que constituye la población de Río Grande, Francisca se atrevería a decir que esto ocurre sólo una vez al año cuando llegan al pueblo los esquiladores, sobre todos los de esta última comparsa de yugoslavos. Llegan hasta la casa Raful con sus cabalgaduras y sus pilcheros, traen las ropas percudidas del trabajo con la oveja, y por ello ni quieren ingresar al recinto comercial, pero reclaman para sí varias cajas de cerveza. Un par de dependientes los salen a saludar a la vereda, y al poco rato vuelven con los pedidos, los clientes aprueban o desaprueban, y finalmente –en un trámite que dura algo mas de una hora, y otra vuelta de cajones de cerveza- terminan partiendo con su ropa nueva envuelta en papel madera. Pero no irán tan lejos: en la otra esquina los esperan en el Hotel de Guerra, alguien llevó la noticia y ya les han hecho un lugar. En el patio se sacarán las viejas ropas impregnadas en lanolina, luego pasarán a sacarse el grueso de esa grasitud en las palanganas que desfilarán constantemente, y se recubrirán con la ropa nueva, cambiando en el trámite alguna indumentaria con otros compañeros de trabajo, mas allá de lo exigente que pudieron estar en la selección hecha en la vereda del Almacén de Ramos Generales. Alguien llevará al centro de la calle, que pocos saben se llama ahora 9 de julio, toda esa ropa que al primer fósforo comienza a arder lentamente, y los trabajadores golondrina vuelven a la calle, inician una ronda por distintos bares, a una vuelta por cabeza en cada local, sabiendo que al lugar donde definitivamente quieren ir no le abrirán antes de la noche por mas plata que traigan. Al día siguiente, llegado el barco –de este o del otro lado- partirán y con ellos desaparecerá el alboroto/alegría por el resto del año.

El Hotel Argentino ha dejado de recibir a la gente de campo, a algunos de los clientes más conspicuos se les hace un lugar, en las dependencias familiares. Es que de pronto la llegada de toda esta gente, los del petróleo, ha superado las posibilidades hoteleras de la población y la situación continuará así hasta tanto no termine la construcción de su propio campamento. Los primeros en llegar visitaron los tres hoteles –Comercio, Progreso y Argentino- y también algunas pensiones; no notaron mayores ventajas de confort y cordialidad en un lugar con respecto a otro.., pero si tenían que hacer una elección esta la dieron por el nombre; era raro llamarse Argentino en un lugar donde la mayoría de la población era extranjera. Y por ello ahora esta gente de YPF va y viene a toda hora del día. Son en su mayoría jóvenes que llevan una corta pero intensa experiencia de trabajo en la Patagonia central, tutean con facilidad a todo el mundo –aquí donde nadie deja de llamar de Don- y se instalan en la cocina antes que en el comedor haciendo funcionar continuamente esta hasta ahora secreta dependencia del hotel, al ritmo de lo que ellos han impuesto en llamar “minutas”. Siempre hay alguien de YPF que se impone sobre toda rutina, porque la chica encargada se olvidó de colocar la toalla, porque esta carne congelada sabe extrañamente mejor que la fresca que se cocina en la perforación, porque se sale y se deja un mensaje para el compañero que ya debería haber venido a buscarlo. Francisca esta contenta de esta dinámica, su hermana –la soltera- también, debe coser de continuo la ruda ropa de trabajo que los operarios quieren reponer. En la planilla del hotel figuran los datos de todos cuantos han ido pasando, algunos al principio se dijeron casados, pero en nuevas visitas se fingieron solteros y hasta se sacaron la sortija luciendo desde entonces en sus manos curtidos en un pálido anillo de piel, imposible de disimular. Esta situación a Francisca la inquieta. Pero pronto se olvida, porque hay que hacer las cuentas y con esta realidad petrolera en aletargado negocio de ayer marcha viento en popa. Y así da gusto pasar el invierno.

Aclaración:
Cuándo con Néstor Ortíz nos tocó elaborar una publicación sobre los Cincuenta años del petróleo fueguino encontré este prólogo, que ahora -en un nuevo 17 de junio. dí a lectura de los amigos.


Caminata sabatina por Pellegrini, al poniente...

En un nuevo sábado, y por la necesidad de hacer tiempo, salì del supermercado y decidì ir a tomar algo al café la esquina de Viedma y Pellegrini.
Pero más allá de la invitación publicitaria estaba el sol, y entonces tomé mi Pentax analógica -ahora hay que llamarla así y caminé siguiendo el lento rumbo del mediodía.
Lo primero que me detuvo fue este mural que reune expresiones escolar, y ahì nomás de encontré con López, alguien que conocí en su carpintería de la Margen Sur, reparando ventanas durante la restauración de la Villa María.
Pero desde hace un tiempo trabaja en el supermercado -el además es veterano de guerra- y aquí estaba acomodando las bandejas de este inserto de panadería. Dentro de poco este patio ya no existirá, y será una segunda entrada para la sucursal que ahora tiene entrada por Viedma. Es reconocer la importancia comercial de Pellegrini, y al mismo tiempo los problemas de falta de estacionamiento en un area que, con el estacionamiento medida, ve alterada la concurrencia de automovilístas.
Esta otra mirada, para lo cual tuve que cruzar la calle, me muestra varios negocios dedicados a la construcciòn. En el de la familia Bronzovic me encontré con Hernández que se calentaba contra el chulengo, esperando el momento de churrasquear.
Algo más adelante apreció el cartel del vivero de los Del Giudice, está por cerrar, es el más grande de nuestra ciudad. Un poco más atrás los Bomberos de Chacra se resguardan en su cuartel.
Frente al Vivero, la verde vida toma forma de planta invasora: el trebol. Paso un rato buscando uno de cuatro hojas, y sigo en camino sin haberlo logrado.
Esta casa bicolor es un estudio jurídico, un cantel de propaganda político nos muestra a quien a perdido en sus aspiraciones por representar tras la interna al Partido Justicialista, en la lucha por la gobernación: el Diputado Nacional Rubén Sciutto.
En eso llega el Doctor Da Fonseca, referente radical, que ve que los colores del estudio no coinciden con los tradicionales de su agrupación. Le hablo del blog, y promete visitarlo.
Faltan veredas, faltan cercos, hay solo alambrados. Comienzan a verse sucursales de comercios que están en el centro. Y la propaganda polìtica comienza a mostrar los niveles de invasiòn de los horizontes cercanos.
En la esquina el viejo hierro marca la emergencia de conexiones sanitarias. ¡Indurstria Argentina todavía!
La vidriera de Limphogar nos muestra por un lado la persistente preocupación por el destino de la niña desaparecida; y por otro la novedad de lo que promete ser la mejor cazuela.
Como restos de un fortín aparecen postes por todos lados, y en cada uno de ellos se levantan las propuestas que rezaltan algunos nombres, y algunos números de lista.
La vededa del sol muestra la economía arquitectónica, en lo alto la vivienda, en la planta baja el local comercial.
En la vereda de la sombra una casa con rejas se muestra abierta y confiada, justo al mediodía.
Los camiones, que por ordenanza no tendrían nada que hacer en este lugar, se han hecho dueños de esta parte de la calle Pellegrini, la de aquel polìtico argentino, de perfil industrialista, que en algún momento identificó el rìo Grande, por voluntad nominativa de un viajero: Ramón Lista.
Aquí se ve un banco solitario. No es la estación para tomar el sol, pero tal vez en otra estación volvamos y lo encontremos ocupado por jóvenes transehúntes.
Algunas construcciones no han progresado, se acabaron los presupuesto. No obstante ello se gastó en cerramientos y alambrados, como para evitar estragos.
Ahora sí, los camiones mandan.
Sobre la sombra que proyectan los edificios de Chacra hay un espacio en que aparecen los charcos. Llegado el invierno tal vez crescan y sirvan al desafío acrobático de niños y jòvenes.
Un triángulo de tierra muestra el alambrado que se ha venido abajo. ¡Lo que debe valer esta esquina!
En esta otra un cartel muestra al establecimiento educativo propietario. Por estos dìas lo que iba a ser su sede se ha loteado y en parte sale a la venta para sostener alquileres más al centro de la ciudad.
Hay una farmacia a la vista. ¿Y si pasamos a pesarnos? ¡Con la caminata debemos haber bajado de peso!
Una agencia de automòviles se identifica al borde de la vereda, al fondo la estación de servicio se dibuja en colores contrastantes con la firmeza del cielo despejado.
Recordándonos que es tiempo de campañas polìticas este auto, cubierto de propaganda en la que el dueño de la estación de servicio se muestra como posible concejal, nos lleva a recordar aquel que una vez propetió sortear un auto entre todos los que lo votaran.
Y Pellegrini terminó al confluir con San Martín. Había que volver atrás y pensar que nos falta recorrer la calla, de Viedma al naciente.

El General Valle en Río Grande.5

Agradeciendo al colega Ramón Taborda Strusiat por el material suministrado que sirve para una lectura de hechos, dados en situaciòn previa a la intalaciòn del ejercito en Río Grande; recoramos la tarea de aquella delegación ministerial de la cual Juan José Valle era el militar de menor jerarquía.

La incursión del general Tonazzi en abril de 1942 venía a traer efectivos militares a este sur -Patagonia y Tierra del Fuego- con un antecente cercano de su presencia en los hechos huelguísticos dados al filo de los años 20 en Santa Cruz.

El General Valle en Río Grande.4

Las dos fotografías que acompañan esta presentación de la visita ministerial del 11 de abril de 1942, deben haberse dado en la quinta adjudicada para levantar los cuarteles: hoy Fuerza de Infantería de Marina.

El Mayor Juan José Valle ha de ser el que sostiene los papeles, un croquis tal vez, un plano; función que era propia de un edecán.

En el horizonte se divisa el disperso caserío del pueblo.

El General Valle en Río Grande.3

Si bien la visita del Ministro de Guerra, del cual Juan José Valle con grado de Mayor era edecán, perseguía conocer los futuros emplazamientos militares en la zona, hubo un tiempo para la vida social. Entonces se los puede ver a los integrantes de la delegación junto a los íconos del progreso rural: el galpón de esquila más grande del mundo, y la Villa María situada en la misma estancia María Behety. Establecimiento al cual todavía los vecinos de Río Grande identificaban como la segunda.

Por entonces era rara la visita de un ministro y suponía en todos los casos la comprensión de ciertas necesidades lugareñas, y su pronta soluciòn.

El General Valle en Río Grande.2

Volvemos al tiempo cicundante al 11 de abril de 1942 cuando en nuestro pueblo llega el ministro de Guerra, y con ello un edecán que en el tiempo será inmortalizado en su martirio.

La información santacruceña habla de inconvenientes en vuelos, de los clásicos vermouth de entonces –sin los cuales no había festejo- y de una denominación, Cañadón León, que se corresponde a la actual Gobernador Gregores.

En tanto que la Partida de Tropas al sur hace referencia al origen cordobés de los efectivos que tendrían por destino San Julián y Río Grande.

El General Valle en Río Grande.1

En el año 2001, a poco de asumir la Presidencia de la Nación el Doctor Néstor Kirchner la cadena nacional nos trajo referencias a un acto, en la Casa Rosada se estaba recordando a los militares que se alzaron contra la Revolución Libertadora en el año 1956.

Cincuenta y cinco años después de ese hecho, que tuvo final luctuoso con fusilamientos que fueron dados por disposición antedatada del presidente provisional, General Pedro Eugenio Aramburu; una contribución del colega Ramón Taborda Strusiat que iremos desgranando los próximos días.

El tema venía a ampliar una referencia que teníamos levemente documentada en publicaciones de la revista Argentina Austral, donde junto a la presencia del Ministro de Guerra, en el año 1941, visitaba nuestro norte fueguino como edecán quien con el tiempo lideraría la insurrección militar de junio de 1956.

Damos un pequeño detalle de aquel paso:

La visita fue el 11 de abril de 1942, habiendo salido desde Río Gallegos en un avión Focke Wulf y regresando el mismo día. La comitiva estaba integrada por:

- Ministro de Guerra: Grl Br D JUAN N TONAZZI
- Director General de Sanidad: Cirujano Mayor D GUILLERMO RUZO
- Director General de Ingenieros: Coronel D RAMON ALBARIÑO
- Director General de Gendarmería Nacional: Coronel D JUAN J. PALACIOS
- Secretario Ayudante: Teniente Coronel D ANTONIO CARLOS PALADINO
- Ayudante de Campo: Mayor D JUAN JOSE VALLE
- Acompañante: Sr D ALBERTO RODRIGUEZ LARRETA
- Representante de "La Razón": Sr D OSCAR LOMUTO
- Representante de "la Prensa": Sr D FELIX OSCAR RIVAS

La finalidad de la visita fue reconocer el lugar en el que se levantarían los cuarteles del Ejército Argentino en Río Grande, con el desplazamiento de una unidad militar desde Río Gallegos que se daría antes del invierno.

Tierra del Fuego, la que está sola y espera.


























Año 1965, Un Panorama del territorio aquel. Alfonso Marrorena, fue el cronista que tuvo a su cargo la tarea de vernos y comentar al país los pormenores que entrevió en este sur. Un paso adelante en la lectura.

"¿Cómo se las arreglan ustedes para desperdiciar todo esto?, comentó irónicamente el conde Miklos Dzieciolonski en su francés excesivamente académico. Frente a él y al periodista se extendía uno de los lagos de Tierra del Fuego donde el noble polaco pasa sus ocios pescando salmones y truchas.

"Mais, mon ami, le tourisme...-continuó-; esa industria evidentemente desconocida en la Argentina podría aportar muchos sabrosos dólares a sus pobladores". Mientras luchaba con un salmón "trés magnifique", empezó a desgranar cifras: "México logra quitar a sus turistas alrededor de 500 millones de dólares (el periodista recordó que esa cifra no es muy inferior al monto anual de nuestras ventas al exterior de carne, el primer rubro dentro del cuadro tradicional de exportaciones); España, alrededor de 600 millones..., ¿y ustedes...?"
Su interlocutor no pudo menos que reconocer su ignorancia al respecto y agregar que "quizás no existan estadísticas al respecto..."

Así es como los 21.500 kilómetros cuadrados de tierras feraces, con montes llenos de conejos ("algunos tan grandes como perros"), patos salvajes y avutardas, y sus riachos y lagos pletóricos de salmones y truchas permanecen vírgenes para el turismo. Sólo algunos industriales madereros aprovechan los bosques fueguinos, de los que cortan sus grandes árboles sin tomarse, casi siempre, el trabajo de reforestarlos.
La mayoría de sus escasos 10.000 habitantes se agrupan en Río Grande (la capital económica de la región) y Ushuaia (la capital política). A primera vista el visitante nota que Río Grande es "la ciudad de Tierra del Fuego". Cuando en la Argentina todavía se sacaba petróleo, Río Grande fue el centro de la producción de oro negro de la región. Actualmente sigue teniendo la primacía gracias al frigorífico CAP y a la lana que aquí se comercializa. Ushuaia cuenta, en cambio, con sus fábricas de conservas (cholgas, un anjar exquisito, casi desconocido en Buenos Aires), su Casa de Gobierno y su sucursal de Correos.
Caminar por la avenida Maipú, que bordea la bahía de Ushuaia, es una lección para cualquier argentino. También es un desafío. Ver esos edificios trabajosamente construidos, apreciar la enorme proporción de chilenos que transitan por allí, notar más allá de las montañas toda la riqueza casi virgen, todo eso conforma un doloroso contraste con el ambiente de las grandes ciudades del norte y el rosario de lamentaciones que emiten no pocos de sus habitantes. "Aquí ya no hay oportunidades, es necesario radicarse en el extranjero", frase típica que pierde su sentido en estas tierras apenas holladas por el hombre.
Claro que no todo es culpa de los quejosos. Tampoco el gobierno nacional hace mucho para promover la radicación de argentinos en la alejada zona. Recién en los varios años de gobierno del casi mitológico capitán Campos, un marino designado por el gobierno de Aramburu para representar al Poder Ejecutivo en Tierra del Fuego, que se mantuvo hasta el advenimiento de Illía, sus habitantes vieron crecer algunas muestras de civilización. De este marino-colonizador, casi tan discutido como respetado, se cuentan anécdotas dignas de una historia del Far West. Un poblador recuerda haberlo visto en camisa ayudando a construir un pequeño hospital; otro, entre interjecciones irreproducibles que señalan su admiración, comenta: "la vez que entró en el almacén de C. y dirigiéndose al patrón le dijo: 'Estos huevos están más caros de lo que corresponde; sacale el cartelito y me los rebajás a la mitad".

EL ESCANDALO FUEGUINO

De tanto en tanto, algún turista. Pero también, de tanto en tanto, un problema. El más famoso, el que llegó a tener repercusiones inclusive en la orgullosa Buenos Aires, fue el protagonizado por el periódico "El Imparcial".
Este órgano periodístico publicó en su número del 19 de febrero pasado una nota donde denunciaba un escándalo gremial: en un establecimiento cercano a la capital fueguina se pagaba a los obreros -la mayor parte chilenos- en especie.
Pero esto no fue lo más grave. En un parágrafo titulado "Soberanía: agítese antes de usar", señalaba la gran cantidad de ciudadanos chilenos que habitan la región y afirmaba: "El porcentaje abrumador de extranjeros sobre argentinos ostenta ribetes que desdicen una soberanía, que la transforman en soberanía simbólica".
Malas interpretaciones hicieron estallar la bomba. El delegado de la Comisión de Zonas de Seguridad de Tierra del Fuego, capitán de fragata Atilio A. Barbadori, quizás temiendo el comienzo de una campaña antinacional, solicitó al director de la publicación un informe que se consideró violatorio de la libertad de prensa.
Inmediatamente, la reacción. Denuncias al Ministerio de Defensa, apelaciones a las entidades periodísticas y, por fin, previo un ataque misterioso a la imprenta de "El Imparcial" -que no impidió su cotidiana aparición-, una condenación de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentina. Sólo un saldo positivo de este lamentable incidente: dio tema a los 4.000 habitantes de Ushuaia para charlar durante bastante tiempo.

¿UNA TIERRA FRUSTRADA?

"Pero estos son detalles -comenta un antiguo poblador italiano- darle demasiada importancia a estos episodios es querer quedarse en la cáscara del problema sin atreverse a llegar al carozo". Explicó su tesis: "Si algunos establecimientos pagan a sus obreros con madera, si un alto oficial cree ver una conspiración en una simple denuncia periodística, no es porque aquí la gente sea excepcionalmente mala o excesivamente sensible; es porque aquí se sufre la sensación de creerse enterrado en vida. Yo gano bastante bien pero, ¿dónde puedo gastar mi dinero?" Y el mismo hombre se contesta: "En ningún lado; a lo sumo, en el boliche...
Este ciudadano, casi sesentón, presentó un problema. La solución está más allá de las palabras, está en las manos que deberán transformar la tierra salvaje en tierra de hombres.
Mientras Tierra del Fuego sólo sea noticia cuando algún barco chileno intenta desembarcar gente en la isla Picton o en cualquier otra en litigio, mientras los argentinos sólo recuerden que en Ushuaia hubo, en otra época, un penal, el problema seguirá pendiente. Tierra del Fuego seguirá meciéndose en la cuerda floja, corriendo el riesgo de caerse en el abismo de la frustración. Hasta entonces, persistirá con sus 13 establecimientos educacionales, sus dos hospitales (uno perteneciente a la Armada Nacional) y sus ocho hoteles.

La esperanza todavía no fue arriada.