¡Y Tereso quería volar!



Por 1995 escribíamos para la revista EDADES Y TIEMPOS una serie de artículos de ficción que en algunos casos mostraban como sería nuestro lugar en el futuro: Viajando por la Tierra del Fuego. El reciente encuentro con el director de aquella publicación, que actualmente viven en Buenos Aires me llevó a tomar el cuarto de aquellos relatos, como un elemento que puede ganar espacio en nuestro blog.

Vista la repercusión alcanzada por nuestra nota de números atrás donde hablamos del círculo escatológico, y atendiendo a la generalización de las prácticas fueguinas fuera de la isla luego de nuestra información, es que hoy volvemos sobre el tema para ver cómo se trabaja la aceptación social de esta praxis que, como es de imaginar, se cultiva desde la infancia.
Para ello les remito este cuento que forma parte de las lecturas obligatorias en el  7mo grado de la enseñanza elemental, como quien dice un clásico impuesto, pero un clásico al fin.
Su autoría responde a un grupo de tareas pedagógicas, pero reconoce inspiración de una poetisa porteña que imaginó tal situación a mediados de los años noventa.

UNO
Ni bien comenzó a cobrar forma, fundamentalmente por la pérdida de líquido, el tereso quiso saber cuál sería su destino. Estaba en proceso de acomodamiento, como la restante materia fecal, y en los primeros tramos del intestino grueso solo encontró una respuesta: conocería el aire momentáneamente, y dado los hábitos higiénidos del sujeto en que se había formado pasaría a un medio acuoso que en forma subterránea lo llevaría hasta el mar, donde la salinidad y la acción microbiana terminaría por disolverlo.
La noticia llegaba desde más adelante, donde los teresos engrosaban sus formas, aumentaban su tono corporal y se preparaban para el mundo exterior.
Nuestro tereso percibió la idea del tiempo y se preguntó si su existir sería mucho o poco en relación a otras formas de la naturaleza.
Pero no encontró respuesta.
Los gases que se filtraban en el interior del conducto inefable de su vida le dieron una idea de lo que era su paso transitorio hacia el abismo. Y pensó que su destino, al fin de cuentas, sería un destino de mierda, pero ninguno de sus colegas le aportó una respuesta, ni coincidente ni disidente.
El tereso pensó que su camino podía ser otro, el tereso con una intuición que solo tienen los grandes, creyó que a lo mejor, si se lo proponía podría volar.
No era un tereso de un animal inferior. Crecía en el cuerpo de un humano y como garantía para sus ilusiones estaba conformado por los desechos de lo que había sido un ave. ¡Un ave! Animal que cuando quería cobraba altura, constituyéndose de esta forma en un privilegiado observador del reino animal. El tereso pensó que podía ser un ave si llegaba a volar.
Pero ninguno de sus congéneres contribuyó a su entusiasmo. Más bien amargas sonrisas, sarcásticas muecas moribundas le llegaron de quienes más adelante se daban cuenta del salto por el que deberían ingresar al mundo exterior.
Tal vez, enredados en los sargazos de alguna cloaca, se limitaba su acceso al mar y s prolongaba su lóbrega existencia. Tal vez por una contingencia que lo apartaba de su cotidianidad, el humano defecaría a la intemperie y así conocería el cielo, aunque sea desde abajo.
El tereso se encaminó en la pendiente de los condenados e hizo mucha pero mucha fuerza para que se produjera el milagro.
En el tramo sigmoideo de su existencia se sintió en la urgencia de la evacuación, Ahora tenía varios teresos tras de sí, entre los cuales no había conseguido ningún compañero de ilusiones, y los de adelante, apesadumbrados por su hora, le habían cortado todo tipo de diálogo. Las paredes del intestino se comprimieron sobre la masa olorosa, un par de teresos avanzaron hasta caer, y nuestro amigo se dio cuenta que, como un paracaidista en un salto inaugura, rondaban el él señales de alegría y desesperación. ¡Porque él podría volar!
No fue aquel día ni aquella noche, fue al día siguiente en que se aproximó a la recta final de su existencia intrahumana. Su compañero de adelante, que desde hacía largas horas no tenía nada que decirle, le indicó: ¡sígame!, y él, sin tiempo a medir lo que pasaba, recorrió el tramo que lo condujo a un espacio de mayor claridad y en medio de un chapoteo fue a para a un medio acuoso que le hizo acordar las primeras horas de su origen. ¿Habría llegado al mar?
Un tereso más lo acompaño en la epopeya y  al momento un leve temblor fue sucedido por la invasión de la luz, la luz, el cielo debía ser así.
Un ruido y el agua creció, uno de sus colegas alcanzó a decirle: ¡Nos vamos a la mierda! Pero el tereso quiso volar y algo pasó en él: ¡logró levitarse!. Pero un remolino lo atrajo nuevamente hacia el fondo de su nuevo mundo, donde con grandes dificultades pudo sobrellevar su objetivo y nadó, nadó, nadó esperando tomar nuevo impulso y poder volar.

DOS
Liliana visitaba la casa de su novio, el Andrés. Se conocían desde toda la vida pero la relación había comenzado un par de meses atrás, el día aquel en que un desperfecto en su auto le permitió al galán sacarla del apuro que significaba pasar la noche en el frío bosque fueguino. Andrés era un inquieto muchacho, amante de la naturaleza, y se ejercitaba en la supervivencia cada fin de semana.
Liliana ingresó a su mundo y vivió su amor y su pasión bajo las estrellas del firmamento austral. Un par de días atrás cazó su primera avutarda y la cocinó con el visto bueno del embobado novio.
Ho la niña visita por primera vez a sus suegros, los que no han puesto mal cara por la elección del muchacho.
Antes de almorzar, hoy hay asado en el patio de la casa aprovechando los primeros días de calor, Liliana anunció que se iba a lavar las manos, y llegada al baño hizo algo más que eso. Evaluó sus formas ante el espejo. Cuidó algunos detalles del maquillaje. Distrajo su atención un suplementos de espectáculos de un diario capitalino, y sintió que al fin volvía a mover el vientre.
Lo que no esperaba nunca ocurrió después cuando debió apretar por segunda vez el botón de descarga del inodoro. En un primer momento le pareció que el terso rebelde había desaparecido, sin advertir que en realidad se encontraba a un metro de altura suspendido y girando lentamente como avistando curiosamente el escenario de esta narración.
Liliana le dio la espalda y volvió sobre el espejo para cuidar algunos otros detalles de su presentación, y fue entonces cuando se le devolvió la imagen del tereso que subía trabajosamente pero subía, cada vez más alto. La joven refrenó su grito, y con una marcada agitación en su ritmo cardíaco, se fue acercando a este singular objeto volador no identificado el que, como dándose cuenta de que era objeto de la curiosidad femenina, se acercó golpeando con su presencia nauseabunda la sensibilidad de la muchacha, que por reflejo se escurrió a tiempo como para que no chocara con su cara.
¿Qué hacer? ¿Qué decir?¿Cómo se explicaba esto que le estaba pasando en casa de sus suegros? ¡Ma si sus suegros, si lo tenía cazado a Andres!
Tomando papel higiénico se acercó al tereso que en el espacio permanecía inmutable como en el si el mismo disfrutara de su presencia ante el espejo, y lo cubrió despaciosamente con las hojas que le dieron un aspecto de superhéroe. Fue recién después de pensarlo, aunque el tiempo giraba muy lentamente para nuestros protagonistas, en que ella lo envolvió en su mano y le dejó en el recipiente plástico al que de inmediato le puso la tapa.
Liliana salió, aliviada pero confundida rumbo al patio donde ya se habían hecho algunas observaciones sobre el exagerado tiempo que empleaba en sus prácticas higiénicas. Pero mentalmente estaba en otro mundo, y había pedido literalmente el apetito.

TRES
¡Cuántas emociones! Literalmente nuestro tereso palpitaba de júbilo. Primero había logrado zafar el remolino. Después había alcanzado altura y percibió los efluvios del aire, la mirada y la inquietud del humano en que había sido formado, y por una situación óptica, que resultaba difícil de explicar, se vio en el espejo dándose cuenta de cuan distinto era a aquella persona en cuyo interior cobró vida.
Sabía que no era un tereso cualquiera. Nunca había ocurrido algo así desde que el mundo existe. Pero él se sentía en buena medida feliz, porque de alguna forma comprendía la inexistencia de un destino, y la ausencia de un origen. No había en su ser una madre -¿sería esa humana, sería aquel pájaro de cuyos desechos se conformaba su ser? – no habría nunca en su vida un hijo, aunque sea un hijo de esos que dicen que su padre es una mierda.
Por eso sintió el desprecio. Lamentó hber cambiado su destino por esta vida diferente pero incierta. Y el desprecio creció cuando en una funda de papel se le devolvió a las oscuridades de donde había salido… Pero no era así, era una oscuridad diferente, un espacio en cierta medida aireado y dónde no había más que despojo de materia fecal en sudarios de papel.
Intentó volver a volar, y descubrió que no le exigía una gran concentración, pero en lo oscuro chocaba con un límite que le fue imposible levantar, por más esfuerzo que hacía. Y así transcurrió pobre en emociones, abundante en remordimientos, un largo tiempo.
Liliana se sobresaltó cuando al anunciar su “cuñadito” que iría al baño, la mamá le advirtió: -Acordate Luchín a dónde va el papel: Y cuando el niño volvió inmutable, aliviado de vientre y con ganas de seguir comiendo; ella partió a inspeccionar el escenario del misterio.
Lo primero que advirtió, y por ello se apuró en cerrar la puerta, fue que el tereso maldito se había estrellado contra el techo. Si bien no había modificado su forma, había manchado el blanco cielorraso, Había ocurrido exactamente lo que ella imaginaba, mientras el gordito de la casa echaba el papel en el balde previo retirar la tapa, el tereso había tomado un envión tal que llegó hasta allá arriba.
Liliana, que tenía unos vinitos encima, y que por falta de costumbre y de alimento equilibrante ya podía considerársela como mareadita, busco afanosamente la forma de llegar hasta arriba y ponerlo en la vereda a esa mierda suya. Pero no le daba la altura ni con el lampazo y al subir sobre la tapa del inodoro, ésta resistió sólo unos instantes y al romperse, la hizo caer de tal modo que atrapó su tobillo en el hueco del artefacto, volteó su cuerpo sobre el bidet y dio con la cabeza contra el lavamano provocando un desvanecimiento instantáneo.
El grito, el ruido, y el silencio posterior atrajeron la presencia del novio y el padre de éste. Liliana no respondía y desde adentro se sentía correr el agua que se deslizaba bajo la puerta en el momento en que decidieron ingresar violentamente. Andrés pateó la puerta con atlético gesto y como Liliana no la había conseguido cerrar, esta se abrió con mucha más violencia que le esperada, recibiendo la cabeza de la joven un segundo golpe que resultó mortal. El alboroto fue tal, que nadie se dio cuenta del tereso en el techo ya que todos miraban el cuerpo sin vida de la joven con el tobillo quebrado dentro del inodoro caído, y el agua que corría hacia otros ámbitos de la casa sin que alguien recordara donde estaba la llave de paso que cerraba su fluir.

CUATRO
La casa había quedado sola después de las tramitaciones de procedimiento médico legal. El baño fue precintado en un momento hasta que luego alguien advirtió que era una fatalidad, una terrible fatalidad y dejaron la puerta abierta. El tereso entonces consiguió deprenderse del blanco espacio al que había quedado adherido y con poco papel en su entorno recorrió a media altura la soledad de la vivienda.
Se dio cuenta que su decisión había generado una serie de fatalidades que en su estado e resultaba difícil de explicar, pero comprendió que debía buscar un cielo mayor fuera de la casa. El gato de la familia pretendió alcanzarlo y el tereso se divirtió poniéndose fuera del alcance de sus garras.
Una ventana le hizo despertar un deseo irrefrenable, y así como en otro momento se impulsó desesperadamente contra la tapa del balde, se lanzó contra la ventana en la que quedó adherido, estando a punto de quebrar el vidrio. El golpe, en cierto modo, consiguió aturdirlo, o lo que lo confundió fue esa presencia exterior de tanto de aire de próximo cielo. Y así quedó un largo rato hasta que una mosca primero, y otras muchas después se percataron de su presencia y comenzaron a hacerle cosquillas. La experiencia siguiente fue terrible, algunas moscas comenzaron a cagar sobre él, otras quisieron devorarlo y no faltó la que depositó sus huevos en los repliegues de su ser.
El tereso se desprendió y descubrió que en un lugar sombrío estaba protegido del asedio volante de las moscas. Pero allí está cerca su final: el perro de la casa. Tan parecido en algunos aspectos al gato juguetón, pero tan calmo que el tereso sintiendo su curiosidad –tan distinta al asco de la Liliana-, se aproximó a la cabeza del animal que despertaba de una larga digestión con los restos del asado que fueron mayores que los de otros días. El tereso supo lo que es ser olido. Y el perro no supo a ciencia cierta que mierda era eso que volaba pero, recordando la preparación en supervivencia que le diera Andrés, se lo tragó sorpresivamente.

CINCO
En el interior del intestino del perro, el tereso humano sintió algo similar a la metempsicosis, aunque cuando   llegó al intestino grueso del Gorila –tal el nombre del nuevo albergue- se sintió modificado en su esencia y pidiendo permiso  a los teresos que lo precedían se olvidó de su deseo de volar y esperó el momento de la salida sabiendo de antemano que esta vez no llegaría al mar. Al mar que le parecía debía ser un nirvana lamentablemente desaprovechado por su ambición.


EVOCACIONES.- 16 de Mayo de 1833. Charles Darwin, que vista la Malvina oriental, deja un registro de su Excursión.



                 Parto el 16 por la mañana con seis caballos y dos gauchos; estos últimos eran hombres admirables para el objeto que yo me proponía, acostumbrados como estaban a no contar mas que consigo mismo para encontrar aquello de que tuvieran necesidad. El tiempo es muy frío, hace mucho viento, y de vez en cuando, se levantan tremendas tempestades de nieve. Sin embargo avanzamos bastante de prisa; pero, excepto desde el punto de vista geológico, nada nos fue interesante en nuestro viaje. Siempre la misma llanura ondulada: por todas partes está recubierto el suelo de hierbas marchitas y de arbustillos; todo ello crece en un terreno turboso y elástico. Aquí y allá, en los valles, puede verse alguna pequeña bandada de ocas salvajes y es tan blando el suelo que la becada halla con facilidad su alimento. Aparte de estas son pocas las aves que allí hay. La isla está atravesada por una cadena principal de colinas, formadas sobre todo de cuarzo, y de unos dos mil  pies de altitud; pasamos grandes trabajos para poder atravesar esas colinas rugosas y estériles. Al sur de ellas encontramos la parte del país mas conveniente para la alimentación de los rebaños salvajes; sin embargo no encontramos muchos por que últimamente se han llevado a cabo frecuentes caserías.

Al atardecer encontramos un pequeño rebaño. Uno de mis compañeros, de nombre Santiago, pronto logró derribar a una gruesa vaca. Le arroja las boleadoras, la toca en las patas, pero las bolas no se enrollan. Entonces arroja su sombrero a tierra para reconocer el lugar donde cayeron sus boleadoras y, mientras persigue a caballo a la vaca, prepara el lazo, y tras una carrera alocada logra enlazar a la vaca por los cuernos. El otro gaucho nos había precedido con los caballos de mano, de suerte que Santiago tuvo no poco trabajo para poder dar muerte a la furiosa vaca. Sin embargo, consiguió llevarla a un lugar donde el terreno era prácticamente llano, anulando a tal fin todos los esfuerzos que el animal hacía para aproximársele. Cuando la vaca no quería moverse, mi caballo, perfectamente adiestrado en aquel género de ejercicios, se aproximaba a ella y la empujaba violentamente con el pecho. Más no se trataba de llevarla solo a un terreno llano, sino de matar a aquel animal loco de terror, lo cual no parecía cosa fácil para un hombre solo. Y hubiera sido imposible si el caballo, cuando su amo lo ha abandonado, no comprendiera por instinto que estará perdido si el lazo no estuviera siempre tirante; de tal forma que, si el toro o la vaca hace un movimiento hacia adelante, el caballo avanza con rapidez en la misma dirección, y si la vaca está quieta el caballo permanecerá inmóvil, afirmado sobre sus patas. Pero el caballo de Santiago, muy joven aun,  no comprendía bien esta maniobra y la vaca se iba aproximando gradualmente a él. Fue un espectáculo admirable ver con que destreza Santiago  logró colocarse detrás de la vaca y desjarretarla al fin; luego de lo cual no tuvo ya  gran trabajo para hundirle el cuchillo en la nuca, con lo que la vaca cayó como fulminada. Entonces, él cortó varios trozos de carne recubiertos, con la piel pero sin huesos, en cantidad suficiente para nuestra expedición. Seguidamente nos dirigimos al lugar que habíamos elegido para pasar la noche;  para cenar, tuvimos asado con cuero, esto es, carne asada con su piel. Esta carne es así superior a la del toro ordinario, lo mismo que el cabrito es superior al carnero. Para prepararla se toma un gran trozo circular del lomo del animal y se asa sobre leña encendida, con la piel hacia abajo; esta piel viene a constituir una salsera y así no se pierde ni una gota de jugo. Si un digno alderman –hace referencia a los Concejales Británicos- hubiera podido cenar con nosotros aquella noche, inútil es decir que la carne con cuero bien pronto habría sido celebrada en la ciudad de Londres.


RAMÓN TREJO NOEL, en nuestra memoria

Ha esta hora debe estar finalizando el acto municipal en recordación a los caidos en el Lear Jet.
Esa circunstancia evocativa que fue impulsada durante muchos años por Mario Seliman.
Los dicursos repiten memorias sobre sus escasos días como gobernador, y la tragedia de la muerte que envovió a él, su esposa, y colaboradores inmediatos. A veces se pone en énfasis en la figura del Legislador Loffler, en reprentación a la Alianza AV-UPF.
Hoy lo traemos en una foto del año 1939, en el Chaco. Lejos estaba el tiempo -18 años faltaban- para que llegar a nuestro Río Grande como empleado de La Anónima.
¿Podríamos incorporar memorias personales sobre su vida?

CONTRAFASE, con sabor a frío metal.


Finalmente concurrimos al Festival de Cine Nacional apreciando favorablemente la gran concurrencia de público que acompañó la proyección de Contrafase, producción local, como penúltimo acontecimiento en la jornada de cierre.
Con muchas caras conocidas, y los actores directos e indirectos de la película, vivimos las emociones del momento en una realización que resulta de compleja interpretación, hasta que se descubre finalmente que en una farsa documental.
Contrafase es una película sin actores.
Con un montaje sustancial sobre el repositorio documental del trabajo del extinto Guillermo Boucho, el espectador local invierte buena parte de su atención en identificar a dónde corresponden las imágenes.
Película técnicamente prolija, promete llegar a ser un largometraje.
Al terminar se dio la oportunidad de que el público interviniera con alguna pregunta, pero nadie preguntó nada. Tal vez sea una respuesta positiva. Como también que siendo complejo el análisis de la trama expuesta en relato cinematográfico nadie se levantó y se fue.
Contrafase -¿Qué es?- una construcción audiovisual sobre una sociedad que se siente continuamente amenazada.




Anticipos: EL AMOR ESTÁ SERVIDO



Nos llega de Ushuaia la buena noticia que está a llegar el libro de Eduardo César Petrizzi a quien hemos conocido en dos anticipos narrativos dados en este mismo blog.
Simplificando las cosas allí en la contratapa está simplificado el cómo quiere que sea su vida.
Lo demás se encierra en el realismo de su ficción.

A la Lauri me la enganché por el puré de zapallo

Yo a la Lauri hacía rato que le tenía ganas, pero ella era distinta a las demás pibas del barrio, ella pintaba para otra cosa, era como una actriz, siempre peinada de peluquería, oliendo a perfume Siete Brujas y esa pollerita insinuante y la remerita ajustada, donde los ratones de mi adolescencia, al verla, bailaban lentos toda la noche…
El tiempo pasó y nos encontró con el tele a color en aquel Mundial ´78, y ese día, ¿quién no iba a festejar? Y la Lauri, también seguro que iría. Yo esa semana estaba a las expectativas de los movimientos de la actriz del barrio.
Un día me enteré que la Lauri estaba interesada en bajar unos kilitos, porque era, como decirlo, voluptuosa, curvilínea, pero con curvas peligrosas, al menos a mi vista. La Nancy, su amiga íntima, me pasó el dato, que le habían recomendado para su dieta  puré de zapallo, y yo empecé a preparar la estrategia.
La Lauri siempre compraba en la verdulería de Don Pocho, porque él mismo iba al Mercado Central para conseguir verdura fresca.
Un viernes a la mañana me aparecí en lo de Don Pocho, y caminando entre  los cajones de verdura me fui eligiendo un zapallo lindo y carnoso. Luego, cuando pasé por la casa de la Lauri, le dejé colgado en la puerta de calle el zapallo con un cartelito “Para que tu cuerpo de paloma vuele a mis brazos, me gustás. Rulo”. Rajé y me fui a esconder detrás del árbol de la esquina y espié desde ahí. Al rato salió la Lauri, sacó la bolsa y se metió para adentro. A mí el corazón se me salía de la camisa. Entonces me dije: “el puntapié inicial está lanzado, solo hay que esperar el festejo del mundial.”
Eran las seis de la tarde y Argentina le había ganado a Holanda, y ahí salimos. Yo le hice guardia a la Lauri y casi me pierdo el gol de Kempes, pero cuando las cornetas y los bombos anunciaban la caminata al obelisco, ahí salió de su casa la Lauri, acompañada de la Nancy. Yo iba dos cuadras atrás, ellas encararon por San Juan, yo salí por Boedo y caminé hasta Cochabamba, doblé por Maza y las encontré. Con una mirada nos prendimos fuego con la Lauri; ella llevaba una vincha  celeste y la camiseta de argentina, y se notaba que el zapallo no le había hecho mucho efecto porque las rayas de la camiseta parecían  que reventaban y estaban más anchas que largas… yo estaba ciego y entonces corrí para alcanzarlas, pero me trabó una columna de los Mimosos de la Paternal, que era una murga que desfilaban en  los carnavales de Boedo y parece que se habían puesto de acuerdo en hacer un vallado y no dejarme acercar a la dama de la dieta del zapallo. Corrí y las tuve a cincuenta metros, yo iba mirando esas rallas de la camiseta que descendían por la espalda y salían para curvarse de nuevo, ese espectáculo le daba más color a todo lo que  estaba viviendo ese día. De pronto las volví a perder de vista, parece que la Lauri también me buscaba porque en un momento sin darme cuenta yo las pasé caminando porque ellas se habían parado cerca del cordón para ver pasar a la gente, pero yo sabía que la Lauri me estaba haciendo la pasadita en ese momento. Fui aminorando el paso y la volví a tener a pocos metros, pero ellas estaban de un lado de la calle y yo de otro, y en el medio, toda la gente que como un río correntoso arrastraba todo lo que se le ponía a su paso y no iba a perder mi presa, les hice seña que nos encontrábamos en la esquina que me esperan ahí.
La Lauri le dijo algo a la Nancy y cuando yo llegué a la esquina  ella estaba sola. ¿Vos sabés lo que fue tenerla cerca de mí. Nos miramos, la mirada nos abrazó a los dos y mis brazos quisieron ver de cerca las rayas de la camiseta de la selección. Ella se dejó, me clavó la mirada de nuevo, temblábamos, el beso fue de un minuto que duró un siglo, porque no lo voy a olvidar jamás, me hundí en sus labios y nos mandamos mensajes mediante el dúo de lenguas con aromas a Pepsoden y Kolinosm juntos. Yo me pellizcaba el brazo porque no lo creía, y te digo más, el viernes en el café de Boedo no me lo van a creer, ni el Pela, ni el Chachi, ni Jeringa me lo va a creer, lo que fue ese beso, porque no se los voy a poder expresar, no se los  voy a poder describir, porque eso no fue un beso, eso fue caerse en un colchón de nubes, eso fue una pizza con faina y moscato, eso fue el gol del Chango Cárdenas al Celtic, ese beso fue el Polaco cantando Afiches, eso fue Loche en el Luna Park, ese beso fue dos canelones con salsa blanca gratinados, eso fue Armstrong pisando la luna, eso fue el descubrimiento de la penicilina por Fleming, ese beso tenía el asombro de la teoría de relatividad restringida de Albertito Einstein.
Qué se yo, me quedo corto con todo lo que te dije, pero cuando salí de ese beso, la volví a mirar a la Lauri y le dije: “después de los festejos, cuando volvamos del obelisco, te voy  hacer un purecito de zapallo, ¿te parece?”. Y ella afirmó: “Soy tuya, Rulo, y quiero comer de tu mano”. Yo estaba en el cielo mientras el que no saltaba era holandés. Nos fuimos de la mano derecho a la verdulería,  había zapallo en lo de Don Pocho.

EVOCACIONES***Mayo 11, de 1882. GIACOMO BOVE marino italiano, dirigiendo una expedición conjunta con nuestro país deja testimonio de los canoeros fueguinos.





Para dar mayor amenidad a este día vino el descubrimiento de algunos fueguinos bajo el Monte Darwin.

Eran cinco o seis canoas que lentamente remaban cerca de la isla Divide, pero no bien vieron que nos dirigíamos hacia ellos, se alejaron rápidamente aunque les hicimos todo género de manifestaciones de paz.

Han tenido por lo general estos pobres salvajes tan mal acogida de las balleneras que frecuentan la Tierra del Fuego, que no debe asombrar que la simple vista de una vela lleve entre ellos a un terror pánico, desaparecidos los pobres fueguinos, entramos en el final del Canal de Beagle, principal objetivo de nuestra operación.

Saliendo del Ueman-asciaga, fuimos sorprendidos por el repentino cambio de la naturaleza de las tierras. Con las islas Divide cesan los precipicios, las nieves, las desnudas rocas,, las ruidosas cascadas, los montes están  más en el interior bajando de ambos lados del On asciaga (Canal de Beagle), con más suaves pendientes al mar y cubiertos hasta la cima con una espesa vegetación. También la vida animal parece despertarse, pero lo más sorprendente era ver la línea recta y exacta que dividía un cielo de negros nubarrones y nítida atmósfera.
Bove navegaba esas aguas llevando en sus manos los registros de los hidrógrafos ingleses que las habían avistado cincuenta años antes, y que justo en este mismo día habían capturado a quien resultaba ser el fueguino más famoso: Jemmy Button.


Calendario y Pichimil: Interesados rurales.


El año 1995 vino a la luz una historieta que responde a la creatividad de Celedonio Díaz, en su condición de guionista.
“El Chele” venía del canto patagónico, de la interpretación de los sentires de la gente de campo de la zona cordillerana, de un peregrinar por este sur –incluyendo un intento de radicarse en Río- y avanzaba hacia importantes producciones históricas sobre el ayer, entre las que no podemos dejar de mencionar Esquel: Memoria y testimonios de un pueblo centenario y 1937: El desalojo de la tribu Nahuelpan.
¿Quiénes son Calendario y Pichimil? Un trabajador rural patagónico y una mulita.
Ambos son presentados como “Interesados rurales”, e interactúan en las viñetas del par de publicaciones que atesoramos tratando de superar los conflictos de uno de otro con las habilidades propias del lenguaje.
Calendrio cargando las voces propias del gauchaje, y su articulación idiomática, y el Peludo componiendo su relato desde un lenguaje culto.
El primero de los números identifica como dibujante a S.Mansilla, quien logra un trazo firme y eficaz en la composición de la narrativa historietil; ya para el segundo número aparece Raúl Colinecul quien desarrolla viñeta a viñeta en medio de una fragilidad expresiva.


Las temáticas tienen la dimensión de lo local, pero tanto el peludo como el humano rondan en muchos momentos el espacio de preocupación en dimensiones más amplias, como cuando expresan sus preocupaciones por el accionar de los extranjeros en la regios.
Calendario y Pichimil contaba con el auspicio gubernamental, en cuyas imprentas vio la luz.